El término medio
Pecamos por defecto en la mayoría de áreas de nuestra vida.
Aristóteles en su libro Ética a Nicómaco pretende dar una serie de consejos a su propio hijo sobre cómo orientar su comportamiento en la vida práctica. En este ensayo se presenta un concepto reutilizado, desde entonces, infinitas veces en la tradición occidental: el término medio.
El término medio ha llegado hasta nosotros precisamente porque ha triunfado en su capacidad de guiar las acciones de las personas. Aristóteles propone que en ese punto medio se encuentra la virtud, una cumbre a la que debemos dirigir nuestras acciones para lograr una vida buena. Por ejemplo, hablando de la virtud de la valentía, esta sería el término medio entre otras dos opciones. La primera, por defecto, sería la cobardía. En una situación en la que se espera de mí una respuesta en una reunión de trabajo, sería cobarde no decir nada por el miedo a qué dirán los demás o ante la posibilidad de dar una respuesta equivocada. Pero la gracia de la valentía reside exactamente en este punto: se pone en riesgo nuestra integridad física o nuestra capacidad intelectual. Es fácil expresar el punto de vista a un amigo, lo difícil y valiente es defender ese misma opinión frente a unos jefes.
La segunda opción se encuentra en el otro extremo donde se peca de exceso: la temeridad. “El cementerio está lleno de valientes” dice el refrán, pero quizá sería mejor replantearlo en esta términos: “el cementerio está lleno de temerosos”. En ciertas ocasiones el valiente habrá perecido, pero normalmente pierden la vida aquellos que van más allá de sus propias capacidades. En el ejemplo de la empresa, el temerario lanzará su opinión al jefe sin calcular bien las consecuencias de su acción y acabará despedido por su imprudencia. Aristóteles, en este caso concreto, argumenta que la valentía está más cerca de la temeridad, porque lo más perjudicial para el ser humano es ser un cobarde en todos los ámbitos de la vida.
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Desde mi punto de vista, lo mejor de esta ética de la virtud Aristotélica es la responsabilidad y el espacio de acción que otorga el filósofo a cada individuo. La virtud de la valentía no es la misma para todas las personas, sino que se tiene que estudiar en cada caso concreto. Para un militar experto, la valentía es disparar contra el terrorista que tiene delante amenazando a unos inocentes. Sin embargo, para cualquier ciudadano de a pie, sería una temeridad tratar de derrotar a ese terrorista; incluso aunque lo logre, nadie le recriminaría ser un cobarde por no haber pasado a la acción.
En cada decisión que tomamos podríamos aplicar esta vara de medir y tratar de encontrar el término medio propuesto por Aristóteles. Un padre, por ejemplo, debe determinar hasta qué punto permite a su hijo salir de casa por la noche. No permitirle salir de casa por su miedo sería perjudicial para la vida social del joven, pero darle la libertad de llegar a la hora que elija sería irresponsable. Constantemente nos vemos eligiendo entre un rango de posibilidades en las que tratamos de encontrar un término medio acorde a lo que pensamos en nuestro interior que es correcto.
En esta búsqueda somos los responsables para marcar nuestros límites. Imaginad una línea recta que está señalada del uno al diez. El uno sería el defecto, el diez el exceso y el cinco el término medio que buscamos. El rango en el que nos queremos mover se mueve entre el cuatro y el seis. En determinadas ocasiones tendemos más hacia el defecto y en otras orientamos nuestra acción ligeramente hacia el exceso. Sería fácil si esta línea existiera en la realidad, pero el problema es que no hay una línea objetiva sobre la que sostener nuestra conducta, sino que constantemente nos vemos obligados a recapacitar sobre los límites que queremos auto imponernos. Por ello me parece recomendable explorar constantemente nuestros límites y situarnos en el uno o en el diez en algunas ocasiones para ser capaces de determinar dónde está el término medio real que buscamos. Si nunca nos atrevemos a ir un poco más allá nunca podremos asegurar que hemos comprendido el término medio.
En la vida práctica es fácil discernir quiénes tienden siempre hacia el exceso: el que no para de salir de fiesta, el que come fatal y no se cuida, el que siempre acaba borracho, el que no sabe callarse, el que siempre llega tarde, el que tiene su vida completamente descontrolada, aquel que siempre es irresponsable… los ejemplos son miles y todos aceptamos de mutuo acuerdo que no están guiando su vida utilizando el término medio de Aristóteles (aunque supongo que la mayoría no lo piensa utilizando este término en concreto). La crítica social se dirige hacia estos sujetos que sobresalen (para mal) del comportamiento estándar que se espera de una persona.
Aquí llega el gran problema de esta cuestión: todos aquellos seres humanos que pecan hacia el otro lado de la balanza, los que tienen el defecto tatuado en su forma de ser: el que nunca sale de fiesta, el que come extremadamente bien y nunca se permite comer lo mismo que los demás, el que nunca se permite beber un poco de alcohol ni para probar su sabor, el que nunca habla, el que siempre llega media hora antes, el que lleva un control tan exhaustivo de su vida que nunca tiene espacio para la improvisación y tiene que tener todo previsto y organizado… Este tipo de personas no suelen molestar al resto, pero tampoco cumplen con el término medio que nos propone el filósofo griego.
En nuestra sociedad no está tan mal visto pecar por defecto que por exceso, pero, en mi opinión, puede ser igual de perjudicial para las personas que lo sufren. La vida es solo una y pasar por ella sin explorar los límites de la misma puede desembocar en una experiencia incompleta. No pretendo defender ser una persona alocada que no piense en las consecuencias y actúe guiándose por el desconocimiento absoluto, pero si permitir a nuestra curiosidad explorar aquellas áreas que llamen su atención y no dejar de hacer ciertas cosas porque quizá resultan excesivas o están fuera de nuestro término medio auto impuesto.
Todo el mundo señalará al que sobresale por el extremo alto, pero no dirá nada de aquel que no destaca en ningún ámbito porque es invisible. Y ahora yo te pregunto, querido lector, en el caso de que tengas hijos (o los quieras tener en el futuro): ¿Qué preferirías?
Que tu hijo nunca salga de fiesta con sus amigos porque no tiene con quién hacerlo.
o
Pillarlo un día borracho porque se ha pasado explorando sus límites y claramente se ha equivocado.
Ambos caminos pueden producir muchísimo sufrimiento si se repiten. Uno se ve claramente. El otro hace falta investigarlo un poco más. Requiere muchísimo tiempo explorar cuál es el término medio adecuado para nosotros y para aquellos que están bajo nuestra responsabilidad, pero, una vez encontrado, puede utilizarse como sostén sobre el que fundamentar nuestras acciones sabiendo que, unas veces nos permitiremos pecar por defecto y otras, por qué no, caer en el exceso que nos merecemos.
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¿Qué me estoy leyendo ahora?
La metamorfosis de Kafka
Y la cita de la semana es…
Y no hay diferencia entre el joven de edad y el que es inmaduro de carácter
Ética a Nicómaco, Aristóteles
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Néstor Baruque










Que difícil el término medio!!
Ni sumamente apolíneo ni sumamente Dionisiaco. "La sabiduría no reside en la rigidez de la forma ni en el delirio del caos, sino en el baile constante entre la luz de Apolo y el fuego de Dioniso."